Novena a San Francisco de Asís - Día 4

28.09.2026

NOVENA A SAN FRANCISCO DE ASÍS


«Con San Francisco, hermanos de todos en un mundo que necesita paz»

DÍA 4 – LA MINORIDAD

«Ser hermano menor»

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN

Sumo, glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta,
esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla
tu santo y verdadero mandamiento.
Amén.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís.

Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.

Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.

Tiene nostalgia de tu voz débil,
pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy
a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.

Ayúdalos a liberarse también
de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes
la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.

Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida,
capaz de contrastar las insidias
de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad
concédeles, Francisco,
tu alegría de saber perdonar.

A todos los crucificados por el sufrimiento,
el hambre y la guerra,
ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.

Amén.


EVANGELIO

Evangelio según san Marcos 9, 33-37

Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, Jesús les preguntó: «¿De qué hablaban por el camino?».

Ellos no dijeron nada, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y servidor de todos».

Después tomó a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí; y el que me recibe, no es a mí a quien recibe, sino a aquel que me envió».

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Francisco eligió un camino que iba en otra dirección a la que muchas veces propone el mundo. No buscó ser más importante, tener más poder ni ocupar el primer lugar. Eligió llamarse hermano menor.

Y esto no significa valer menos. Significa no colocarse por encima de los demás.

Jesús nos muestra que la verdadera grandeza no está en mandar, sobresalir o ser reconocido. Está en servir.

Hoy vivimos en una sociedad donde muchas veces queremos tener la razón, ser reconocidos, mostrar lo que hacemos o demostrar que somos mejores que los demás. También dentro de nuestras comunidades y fraternidades podemos caer en esas mismas actitudes.

La minoridad nos propone otro camino: escuchar antes de hablar, servir sin buscar aplausos, reconocer nuestros errores y aprender de los demás.

Ser hermano menor es poder decir: «No necesito estar siempre en el centro».

Es saber acompañar. Es dar lugar al otro. Es alegrarnos cuando otro crece. Es servir aunque nadie nos vea.

Francisco comprendió que seguir a Jesús significaba hacerse cercano a los pequeños, a los pobres, a los que sufrían y a quienes muchas veces eran dejados de lado.

También nosotros estamos llamados a vivir esa minoridad en nuestra familia, en nuestra fraternidad, en la parroquia, en el trabajo y en cada lugar donde nos toque estar.

A veces la minoridad comienza con algo muy sencillo: bajar un poco el orgullo, pedir perdón, escuchar al otro, ceder, ayudar sin esperar reconocimiento.

Que San Francisco nos enseñe que ser hermano menor no es ocupar un lugar menos importante, sino poner nuestra vida al servicio de los demás.

Que nuestras fraternidades de Cuyo y Patagonia sean espacios donde nadie necesite competir, donde no haya protagonismos y donde todos podamos sentirnos recibidos, escuchados y valorados.

Porque cuando dejamos de buscar quién es el más grande y comenzamos a preguntarnos quién necesita de nosotros, empezamos a vivir verdaderamente el Evangelio.

PARA COMPARTIR EN FRATERNIDAD

- ¿Qué significa para mí ser un hermano o hermana menor?
- ¿Me cuesta reconocer cuando me equivoco o pedir perdón?
- ¿Busco reconocimiento por lo que hago?
- ¿Cómo podemos vivir una verdadera minoridad en nuestras fraternidades?
- ¿A quién necesito escuchar más?

COMPROMISO DEL DÍA

Hoy voy a realizar un servicio concreto sin buscar reconocimiento.

También intentaré escuchar con más atención a alguien que necesite ser acompañado, dejando de lado mis propias opiniones o protagonismos.


ORACIÓN POR NUESTRAS FRATERNIDADES

Señor Jesús,
te damos gracias por el don
de nuestra vocación franciscana.

Te pedimos por todas las fraternidades
de Cuyo y Patagonia.

Ayúdanos a crecer en fraternidad,
en humildad y en servicio.

Líbranos de los protagonismos,
de las divisiones y de todo aquello
que nos impida caminar juntos.

Danos un corazón de hermano menor,
capaz de escuchar, acompañar, perdonar
y servir con alegría.

Bendecí a nuestros ministros,
a los consejos y a cada hermano y hermana
que entrega su tiempo y sus dones
al servicio de la fraternidad.

Que podamos cuidar nuestra Casa Común,
estar cerca de quienes sufren,
tender la mano al que necesita
y ser constructores de paz.

Como Francisco y Clara,
ayúdanos a vivir el Evangelio
con sencillez, alegría y entrega.

Que nuestras fraternidades
sean verdaderos hogares de fraternidad,
lugares donde cada persona
pueda sentirse recibida y querida.

San Francisco de Asís,
enséñanos a ser hermanos de todos.

Santa Clara de Asís,
acompañanos en este camino.

Y que el Señor nos conceda
la gracia de vivir siempre
en paz y bien.

Amén.

CIERRE

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

¡PAZ Y BIEN!
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