
Encuentro con el Sultán
800 años del encuentro de San Francisco con el Sultán
En el camino de los grandes centenarios franciscanos, uno de los hechos más profundos y actuales es el recuerdo de los 800 años del encuentro entre San Francisco de Asís y el sultán Al-Malik al-Kamil, ocurrido en el año 1219, en medio de las Cruzadas.
Francisco no fue armado ni buscando poder. Fue como hermano, llevando solamente el Evangelio, la paz y el deseo de encontrarse con el otro. Mientras muchos se enfrentaban con violencia, él eligió el diálogo, el respeto y la fraternidad.
Ese encuentro sucedió cerca de Damieta, en Egipto, durante la Quinta Cruzada. Humanamente parecía imposible: un fraile pobre frente a uno de los hombres más poderosos del mundo musulmán. Sin embargo, ambos se escucharon. Ambos se respetaron. Y aquel gesto quedó grabado como un signo profético de paz.
Para la familia franciscana, este centenario no fue solamente un recuerdo histórico. Fue una invitación a volver al espíritu de Francisco:
- salir al encuentro del diferente,
- dialogar sin miedo,
- anunciar a Cristo con humildad,
- construir puentes y no muros,
- vivir la fraternidad universal.
Muchos hermanos franciscanos en todo el mundo celebraron este centenario con encuentros interreligiosos, jornadas de oración por la paz, reflexiones sobre la fraternidad y gestos concretos de cercanía entre pueblos y religiones.
Este acontecimiento también iluminó el camino del documento sobre la fraternidad humana firmado en Abu Dhabi por Papa Francisco y el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, recordando que el diálogo y la paz siguen siendo urgentes para nuestro tiempo.
¿Qué nos deja hoy este centenario?
Nos recuerda que el cristiano no está llamado a vivir enfrentado con el mundo, sino a ser instrumento de paz. Como decía Francisco:
"El Señor te dé la paz".
Y esa paz comienza en lo pequeño:
- en cómo hablamos,
- en cómo escuchamos,
- en cómo tratamos al que piensa distinto,
- en cómo construimos fraternidad en nuestras familias, parroquias y comunidades.
Oración
Señor,
haznos instrumentos de tu paz.
Que aprendamos, como Francisco,
a acercarnos al otro sin prejuicios,
sin violencia y sin soberbia.
Danos un corazón humilde,
capaz de escuchar,
de dialogar
y de reconocer en cada persona
a un hermano.
Que el ejemplo de San Francisco de Asís nos anime
a vivir la fraternidad universal
y a llevar esperanza
a un mundo tantas veces dividido.
Amén.
