Los misterios de las astillas de la Cruz de Cristo halladas por casualidad en San Juan

14.09.2026

El misterio del Lignum Crucis que estuvo décadas oculto y volvió a la Catedral de San Juan

Dos pequeñas astillas atribuidas a la Cruz de Cristo fueron encontradas de manera inesperada en un antiguo mueble de la sacristía de la capilla del Colegio Santa Rosa de Lima. La reliquia había llegado desde Roma en 1908 y pertenecía originalmente a la Catedral de San Juan.

Durante décadas, nadie supo con certeza dónde estaba. Para algunos, aquella antigua reliquia podía haberse perdido para siempre. Sin embargo, en octubre de 2025, un inesperado hallazgo permitió recuperar un histórico Lignum Crucis, que había permanecido oculto durante años en un antiguo mueble de la sacristía de la capilla del Colegio Santa Rosa de Lima.

El descubrimiento se produjo de manera completamente casual. Mientras se realizaban tareas de limpieza y orden en la sacristía, quienes trabajaban allí advirtieron que un antiguo mueble giratorio no podía completar su recorrido. Algo impedía que pudiera moverse normalmente.

"Era un mueble muy viejo, que llevaba mucho tiempo inmóvil. Cuando lo estábamos limpiando notábamos que no podíamos darle toda la vuelta: algo hacía resistencia", relató Martín Olivares, director de la institución.

La curiosidad llevó a desarmar el mueble para descubrir qué estaba provocando la obstrucción. Detrás de la estructura apareció una pequeña cruz de bronce. En su interior se encontraba un delicado relicario, protegido con cristal y plata.

El objeto llamó inmediatamente la atención. La investigación posterior permitió confirmar que se trataba de una reliquia vinculada con la Cruz de Cristo.

Una reliquia llegada desde Roma

A partir del hallazgo comenzó una investigación histórica y documental. La búsqueda llevó a las autoridades del colegio hasta el Arzobispado, donde encontraron documentación que permitió reconstruir parte de la historia del relicario.

Los inventarios eclesiásticos confirmaron que la pieza había sido traída desde Roma en 1908 y que originalmente pertenecía a la Catedral de San Juan.

Entre la documentación encontrada apareció también un certificado de autenticidad emitido en Verona por el obispo Bartolomé Bacilieri y enviado a la Curia Episcopal.

Los documentos describen las pequeñas partículas de madera que se encuentran dentro del relicario, señalando que habían sido extraídas de lugares reconocidos como auténticos y que estaban protegidas mediante sellos de cera roja española.

El relicario consiste en una pequeña pieza de plata y cristal, acompañada por cordones blancos y preparada para que la reliquia pudiera ser expuesta públicamente en iglesias y capillas.

Dos pequeñas astillas y una historia de siglos

En el interior de la cruz de bronce se encuentra el pequeño relicario que contiene dos astillas de madera, conservadas y selladas como parte del conjunto.

La tradición cristiana sostiene que la Cruz de Cristo fue encontrada en el año 326 por Santa Elena, madre del emperador Constantino. A lo largo de los siglos, distintos fragmentos atribuidos a aquella madera fueron conservados y distribuidos en diferentes lugares del mundo cristiano.

Según explicó Martín Olivares, quienes participaron de la investigación señalaron que existirían muy pocas reliquias de estas características, lo que otorgaría a la pieza encontrada en San Juan un particular valor histórico y religioso.

Más allá de la tradición que acompaña a este tipo de reliquias, el valor del hallazgo también está relacionado con la documentación que permite reconstruir su recorrido y su permanencia durante más de un siglo.

El vínculo con fray Justo Santa María de Oro

La investigación permitió descubrir además una relación especial entre la reliquia y uno de los personajes fundamentales de la historia religiosa de San Juan: fray Justo Santa María de Oro, primer obispo de la provincia.

De acuerdo con los documentos encontrados, fray Justo había solicitado al Vaticano una reliquia de la Cruz de Cristo para San Juan.

Sin embargo, la respuesta no llegó durante su vida. Según explicó Olivares, la carta habría sido respondida aproximadamente setenta años después de aquella solicitud, cuando fray Justo ya había fallecido.

Finalmente, en 1908, la reliquia llegó desde Roma y pasó a formar parte del patrimonio religioso de la Catedral de San Juan.

El recorrido posterior de la pieza continúa siendo uno de los grandes interrogantes de esta historia. Se sabe que estuvo en la Catedral, pero todavía no existe una explicación definitiva sobre cómo llegó hasta el Colegio Santa Rosa de Lima ni quién decidió colocarla detrás del antiguo mueble.

"Cuando lo abrimos vimos que se trataba de una pieza especial. Después lo confirmamos. No sabemos si alguien la guardó para que no se viera o si quedó ahí por accidente", explicó Olivares.

Ese misterio probablemente permanezca sin respuesta.

Una coincidencia cargada de significado

La historia guarda además una particular coincidencia.

El Colegio Santa Rosa de Lima, lugar donde permaneció escondida durante décadas la reliquia, funciona precisamente en lo que fue la casa de fray Justo Santa María de Oro.

Así, más de un siglo después de la llegada de las pequeñas astillas desde Roma, el Lignum Crucis volvió a aparecer en un lugar directamente relacionado con la figura que había solicitado aquella reliquia para la provincia.

El regreso a la Catedral

Luego del descubrimiento, el relicario permaneció bajo custodia del colegio mientras se realizaban las investigaciones históricas y documentales correspondientes.

Una vez confirmada su autenticidad documental, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano, solicitó su regreso a la Catedral.

La decisión fue acordada con la congregación de Hermanas Dominicanas, responsable del establecimiento educativo.

"Se trata de un elemento de piedad popular, algo que pertenece a todo el pueblo. Por eso se decidió que regresara a la Catedral", señaló Olivares.

De este modo, el antiguo Lignum Crucis regresó al templo al que había pertenecido originalmente.

Una historia que vuelve a ponerse delante de los fieles

El relicario fue presentado oficialmente durante una misa celebrada en la Iglesia Catedral de San Juan, donde quedó nuevamente a disposición de los fieles.

La historia de estas dos pequeñas astillas reúne documentación histórica, tradición religiosa, misterio y una inesperada casualidad.

Durante décadas permanecieron ocultas detrás de un antiguo mueble. Nadie las estaba buscando. Fue precisamente una dificultad aparentemente insignificante —un mueble que no podía girar— la que permitió descubrirlas.

Hoy, aquella pequeña reliquia que llegó desde Roma en 1908 vuelve a ocupar un lugar visible en la vida religiosa de San Juan, cerrando parcialmente un recorrido que comenzó hace más de un siglo y dejando abierta una pregunta que quizás nunca tenga respuesta: ¿quién escondió la reliquia y por qué?


Fuente: Tiempo de San Juan

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