Liturgia de las Horas

22.07.2026

La Liturgia de las Horas en la Orden Franciscana Seglar

"Santificar el tiempo para vivir en presencia del Señor"

La Liturgia de las Horas es la oración oficial de la Iglesia. A través de ella, el Pueblo de Dios santifica el paso del tiempo y une su voz a la alabanza constante que Cristo eleva al Padre. No es una devoción privada más, sino la oración de toda la Iglesia, en la que participan obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y también los fieles laicos.

Los miembros de la Orden Franciscana Seglar (OFS) estamos invitados a descubrir en esta oración una fuente de vida espiritual y un camino concreto para vivir el Evangelio en medio del mundo. Nuestra vocación no nos aparta de las ocupaciones cotidianas, sino que nos impulsa a transformar cada momento del día en una oportunidad para encontrarnos con Dios.

San Francisco de Asís tenía un profundo amor por la oración litúrgica. Aunque deseaba que sus hermanos rezaran con sencillez y humildad, también quiso que permanecieran unidos a la Iglesia mediante la alabanza de los salmos y la escucha de la Palabra de Dios. Él mismo rezaba el Oficio Divino con gran devoción y, cuando algunos hermanos no podían hacerlo según el breviario, les enseñaba formas sencillas de unirse a la oración de la Iglesia.

La Regla de la OFS, en el artículo 8, nos recuerda:

"Como Jesucristo fue el verdadero adorador del Padre, así hagan de la oración y de la contemplación el alma del propio ser y del propio obrar. Participen en la vida sacramental de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía, y únanse a la oración litúrgica en una de sus formas propuestas por la Iglesia, reviviendo así los misterios de la vida de Cristo."

Estas palabras muestran claramente que la Liturgia de las Horas ocupa un lugar privilegiado en la vida espiritual del franciscano seglar.

Las principales Horas

La Iglesia distribuye la oración a lo largo del día:

  • Oficio de Lecturas: profundiza en la Sagrada Escritura y en los escritos de los Padres y santos.

  • Laudes: al amanecer, para ofrecer el nuevo día al Señor.

  • Hora Intermedia: en medio de la jornada, para recordar la presencia de Dios en el trabajo y las actividades.

  • Vísperas: al caer la tarde, como acción de gracias por los dones recibidos durante el día.

  • Completas: antes del descanso, confiando la vida al cuidado del Señor.

Aunque no todos los franciscanos seglares pueden rezar todas las Horas, la Iglesia recomienda especialmente la oración de Laudes y Vísperas, consideradas las dos "Horas principales" del Oficio Divino.

Una espiritualidad encarnada

Para el franciscano seglar, rezar la Liturgia de las Horas significa aprender a descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana: en la familia, el trabajo, el estudio, el servicio, la fraternidad y el descanso.

Los salmos expresan toda la riqueza de la experiencia humana: alegría, sufrimiento, esperanza, arrepentimiento, confianza y alabanza. Al rezarlos, nuestra voz se une a la de Cristo y a la de millones de cristianos que, en distintos lugares del mundo, elevan la misma oración.

Un compromiso posible

No se trata de una obligación pesada, sino de una invitación a crecer espiritualmente. Cada fraternidad puede fomentar esta práctica rezando alguna Hora antes o después de sus reuniones, durante retiros, convivencias o celebraciones.

También cada hermano puede comenzar de manera sencilla:

  • rezando diariamente los Laudes;

  • incorporando las Vísperas cuando sea posible;

  • concluyendo el día con las Completas;

  • utilizando el breviario impreso o aplicaciones autorizadas por la Iglesia.

Lo importante es que esta oración no sea una repetición mecánica, sino un verdadero encuentro con Dios que ilumine la vida cotidiana.

Conclusión

La Liturgia de las Horas nos ayuda a vivir el espíritu franciscano de alabanza continua. Como san Francisco, queremos bendecir al Señor por toda la creación, reconocer su presencia en cada momento del día y caminar con un corazón agradecido.

Cuando un franciscano seglar reza la Liturgia de las Horas, no ora solo. Ora con toda la Iglesia. Lleva ante Dios las alegrías y sufrimientos del mundo, intercede por los más necesitados y convierte cada hora del día en una oportunidad para decir, con san Francisco:

"Altísimo, omnipotente y buen Señor, tuyas son la alabanza, la gloria, el honor y toda bendición."

Share