Fiesta de la Porciúncula - El perdón de Asís y Santa María de los Angeles

01.08.2026

La Fiesta del Perdón de Asís: un abrazo de misericordia que sigue transformando el mundo


Cada año, entre el 1 y el 2 de agosto, la gran familia franciscana y toda la Iglesia celebran una de las fiestas más queridas y significativas del espíritu de san Francisco de Asís: la Fiesta del Perdón de Asís, un don inmenso de la misericordia de Dios que tiene su origen en la pequeña capilla de la Porciúncula, dedicada a Santa María de los Ángeles.

No se trata simplemente de recordar un hecho histórico. Es una invitación actual a volver al Evangelio, a reconciliarnos con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos. En un mundo marcado por las heridas, las divisiones y la indiferencia, el Perdón de Asís sigue proclamando que la misericordia siempre tiene la última palabra.

La pequeña iglesia que cambió la historia

Cuando Francisco comenzó su camino de conversión encontró una pequeña capilla abandonada en la llanura de Asís. Era una humilde iglesia dedicada a Santa María de los Ángeles y pertenecía a los monjes benedictinos.

Francisco la restauró con sus propias manos, piedra sobre piedra, sin imaginar que aquel pequeño templo llegaría a convertirse en el corazón espiritual de la Orden Franciscana.

La Porciúncula fue mucho más que una iglesia para Francisco.

Allí comprendió con mayor profundidad el llamado del Evangelio.

Allí recibió a los primeros hermanos.

Allí nació la fraternidad franciscana.

Allí Santa Clara abrazó definitivamente su vocación.

Allí Francisco volvió una y otra vez para rezar, discernir y encontrarse con el Señor.

Y allí, el 3 de octubre de 1226, entregó su vida al Padre cantando las alabanzas de Dios.

Por eso la Porciúncula es considerada el corazón del franciscanismo.

Santa María de los Ángeles

La pequeña capilla estaba dedicada a Santa María de los Ángeles, porque desde los primeros siglos existía la tradición de que los ángeles custodiaban ese lugar de manera especial.

Francisco tuvo siempre un amor inmenso por la Virgen María.

La llamaba la Virgen hecha Iglesia, la Madre de toda gracia y la protectora de los hermanos menores.

Confiaba plenamente en su intercesión y quiso que el centro de la fraternidad estuviera precisamente bajo su protección.

Para Francisco, María era el modelo perfecto del discípulo que escucha, acoge y vive el Evangelio.

Celebrar esta fiesta también es renovar nuestra confianza filial en María, que siempre nos conduce hacia Jesús.

El origen del Perdón de Asís

La tradición franciscana cuenta que, durante una noche de profunda oración en la Porciúncula, Francisco contempló a Jesucristo rodeado de ángeles y acompañado por la Santísima Virgen María.

El Señor le preguntó qué deseaba para la salvación de las personas.

Francisco, conmovido por el sufrimiento y el pecado del mundo, no pidió riquezas, privilegios ni honores.

Pidió misericordia.

Pidió que todos los que llegaran arrepentidos a aquella pequeña iglesia pudieran recibir el perdón pleno de sus pecados.

Jesús concedió esa gracia y le indicó que fuera a pedir la aprobación del Papa.

Francisco caminó hasta Perugia para encontrarse con el Papa Honorio III.

Aunque la petición parecía extraordinaria, finalmente fue concedida.

Así nació el Perdón de Asís.

Desde entonces millones de peregrinos, durante más de ocho siglos, han experimentado el abrazo misericordioso del Padre a través de esta gracia especial de la Iglesia.

¿Qué es una indulgencia?

Muchas veces escuchamos hablar de las indulgencias y no comprendemos bien su significado.

La indulgencia no reemplaza la confesión ni el arrepentimiento.

Tampoco es un "permiso" para pecar.

La indulgencia es un regalo de la misericordia de Dios que la Iglesia ofrece gracias a los méritos infinitos de Cristo y a la comunión de los santos.

Cuando una persona se arrepiente sinceramente, confiesa sus pecados y recibe la absolución sacramental, la culpa queda perdonada.

Sin embargo, permanecen las consecuencias del pecado, aquello que la tradición llama la pena temporal.

La indulgencia plenaria remite completamente esa pena temporal, ayudando al cristiano a renovar plenamente su vida en Cristo.

Es un inmenso gesto del amor de Dios que quiere sanar no solamente nuestras culpas, sino también las heridas que el pecado deja en nuestro corazón.

¿Cómo se obtiene la indulgencia del Perdón de Asís?

La Iglesia concede la indulgencia plenaria desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto.

Para recibirla se requiere:

- Confesarse sacramentalmente.
- Participar de la Santa Misa y recibir la Sagrada Comunión.
- Visitar una iglesia parroquial, franciscana o designada para esta celebración.
- Rezar el Credo y el Padrenuestro renovando la profesión de fe.
- Orar por las intenciones del Santo Padre.
- Tener un sincero desapego de todo pecado, incluso del venial.

La indulgencia puede aplicarse para uno mismo o ser ofrecida por un fiel difunto.

¡Qué hermoso gesto de caridad es ofrecer este don por quienes ya partieron a la Casa del Padre!

Un llamado a vivir el perdón

El Perdón de Asís no termina cuando salimos de la iglesia.

Comienza allí.

San Francisco comprendió que quien ha experimentado la misericordia de Dios no puede seguir viviendo con resentimientos, divisiones o deseos de venganza.

El cristiano perdonado está llamado a convertirse en instrumento de paz.

A reconciliar familias.

A pedir perdón cuando se equivoca.

A ofrecer una nueva oportunidad.

A tender puentes donde otros levantan muros.

Hoy nuestro mundo necesita hombres y mujeres que vivan el Perdón de Asís con gestos concretos de fraternidad, de diálogo y de reconciliación.

Cada vez que perdonamos, el Reino de Dios vuelve a hacerse presente entre nosotros.

Un regalo para toda la familia franciscana

Para quienes formamos parte de la Orden Franciscana Seglar, esta fiesta ocupa un lugar privilegiado.

Nos recuerda nuestras raíces.

Nos hace volver al pequeño templo donde comenzó todo.

Nos invita a renovar nuestra vocación de vivir el Evangelio al estilo de san Francisco.

La Porciúncula sigue siendo una escuela de humildad.

Allí no brillan los grandes monumentos ni el poder humano.

Brilla la sencillez.

Brilla la misericordia.

Brilla el amor de Dios.

Que este Jubileo por los 800 años del Tránsito de nuestro Seráfico Padre San Francisco nos ayude también a redescubrir la fuerza transformadora del Perdón de Asís y a convertirnos en auténticos peregrinos de esperanza, llevando paz y bien a todos los lugares donde el Señor nos envía.

Oración

Señor Jesús, Dios de infinita misericordia, te damos gracias por el inmenso regalo del Perdón de Asís que concediste por la intercesión de san Francisco.

Renová nuestro corazón para que vivamos reconciliados con vos, con nuestros hermanos y con nosotros mismos.

Que la Virgen Santa María de los Ángeles nos cubra con su manto y nos conduzca siempre hacia tu Hijo.

Haznos instrumentos de tu paz, sembradores de perdón donde haya odio, de esperanza donde haya tristeza y de fraternidad donde existan divisiones.

Que, siguiendo las huellas de san Francisco de Asís, podamos anunciar con nuestra vida que tu misericordia es más grande que cualquier pecado y que tu amor nunca deja de buscarnos.

Amén.

¡Paz y Bien!
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