Evengelio del día: Mateo 14, 1-12

01.08.2026
     
En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,
y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,
porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".
Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes
que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran
y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.
Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.


Palabra del Señor....
 

Reflexión sobre el Evangelio 

Hay Evangelios que nos llenan de alegría y esperanza, y hay otros que nos golpean el corazón. Este es uno de ellos. La muerte de Juan el Bautista duele porque nos muestra hasta dónde puede llegar un corazón que se deja dominar por el orgullo, el miedo y la falta de libertad.

Juan no murió por hacer algo malo. Murió por decir la verdad. No buscó enfrentarse con Herodes ni humillarlo delante de los demás. Simplemente fue fiel a la misión que Dios le había confiado. Sabía que callarse para quedar bien no era una opción. Su vida nos enseña que la verdad dicha con amor siempre vale la pena, aunque muchas veces tenga un costo.

Herodes, en cambio, es un personaje que genera tristeza. En el fondo sabía que Juan era un hombre justo. Lo respetaba, incluso lo escuchaba. Pero cuando llegó el momento de decidir, dejó que el miedo a lo que iban a pensar los invitados fuera más fuerte que su propia conciencia. Cuántas veces también nos pasa algo parecido. Sabemos qué es lo correcto, pero por miedo a quedar mal, por no discutir, por cuidar nuestra imagen o por comodidad, terminamos haciendo lo contrario.

Este Evangelio también nos invita a mirar nuestro corazón. No hace falta ser un rey para equivocarse como Herodes. Cada vez que dejamos que el orgullo decida por nosotros, cada vez que el resentimiento ocupa el lugar del perdón, cada vez que preferimos la aprobación de los demás antes que la voluntad de Dios, corremos el riesgo de alejarnos del camino del Evangelio.

Juan el Bautista nos muestra otro modo de vivir. Una vida sencilla, transparente, coherente. No buscó poder, ni prestigio, ni aplausos. Solo quiso preparar el camino para Jesús. Y esa sigue siendo la misión de todo discípulo: con nuestra vida, nuestras palabras y nuestros gestos, ayudar a que otros puedan encontrarse con Cristo.


Pidámosle hoy al Señor un corazón libre. Libre del miedo, de la necesidad de agradar a todos y de las cadenas del egoísmo. Que nos regale la valentía de Juan para vivir con coherencia y la humildad de reconocer que la verdad siempre nos conduce a la vida.

Que, como San Juan Bautista, podamos decir con nuestra propia existencia que vale la pena vivir y darlo todo por Jesús.

 Oración

Señor Jesús, en este día quiero pedirte un corazón valiente y fiel, como el de san Juan Bautista. Que nunca tenga miedo de vivir tu Evangelio, aunque a veces resulte difícil o vaya contra la corriente.

Líbrame del orgullo, de la comodidad y del temor a la opinión de los demás. Dame la gracia de elegir siempre la verdad, el bien y el amor.

Haz que mi vida sea un humilde testimonio de tu presencia, para que quienes me encuentren puedan acercarse un poco más a Vos.

Amén.

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