Evangelio del día: Mateo 19, 16-22

17.08.2026
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19, 16-22

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?»
Jesús le dijo: «¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos». «¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?» «Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.

 *Palabra del Señor.*

Reflexión

Hay algo muy lindo al comienzo de este Evangelio: un hombre se acerca a Jesús porque siente que todavía le falta algo. No es alguien que esté lejos de Dios. Ha cumplido, ha tratado de hacer las cosas bien, pero en su corazón hay una inquietud.Y quizás ahí podemos encontrarnos nosotros también.

Podemos rezar, participar, ayudar, cumplir con nuestras responsabilidades y, sin embargo, preguntarnos alguna vez: «¿Qué me está faltando?»Jesús no lo recibe con reproches. Lo escucha y lo mira. Y después de reconocer todo lo bueno que ese hombre ya hacía, le propone dar un paso más.Ahí está uno de los momentos más fuertes del Evangelio: Jesús lo invita a desprenderse de aquello que ocupa demasiado lugar en su vida y a seguirlo.

No se trata solamente de las riquezas. A veces nosotros también tenemos cosas de las que nos cuesta desprendernos. Puede ser una comodidad, una seguridad, una costumbre, el deseo de tener siempre la razón, una herida que seguimos guardando, un resentimiento, el miedo a cambiar o incluso aquello que creemos que podemos controlar.

Porque seguir a Jesús no siempre significa hacer más cosas. Muchas veces significa soltar algo.Y quizás hoy Jesús nos está preguntando en silencio:

¿Qué te cuesta dejar en mis manos?

¿Qué cosa te ata?

¿Qué te impide caminar con más libertad?

El hombre del Evangelio escucha la propuesta de Jesús y se va triste. Y esa tristeza nos deja pensando. No era una mala persona. Simplemente había algo que todavía no podía soltar.

También nosotros podemos querer mucho a Jesús y, al mismo tiempo, tener cosas que todavía no estamos preparados para entregar.

Por eso este Evangelio no debería llevarnos a mirar al joven y juzgarlo. Más bien debería ayudarnos a mirarnos a nosotros mismos con sinceridad.

Tal vez Jesús no nos está pidiendo hoy que dejemos todo. Tal vez nos está pidiendo algo más sencillo y concreto: que dejemos de aferrarnos tanto a aquello que nos impide amar.Porque cuando uno se aferra demasiado, pierde libertad. 

En cambio, cuando aprende a confiar en Dios, empieza a vivir de otra manera.San Francisco descubrió que la verdadera riqueza no estaba en acumular, sino en tener el corazón disponible. Y esa también puede ser nuestra búsqueda como franciscanos: vivir con sencillez, compartir, servir y no permitir que las cosas terminen ocupando el lugar de Dios.

Quizás la pregunta que hoy podemos llevarnos es muy sencilla:

¿Qué tendría que soltar para poder seguir a Jesús con un corazón más libre?

No hace falta responderla rápidamente. Podemos llevarla a la oración y dejar que Jesús nos muestre el camino.

Porque Él no nos quita algo para dejarnos vacíos. Nos invita a soltar para poder llenarnos de algo mucho más grande: su amor, su presencia y la alegría de caminar con Él.
 

Oración 

Señor Jesús, ayudanos a mirar nuestro corazón y reconocer aquello que todavía nos cuesta entregarte. Danos la valentía de soltar nuestras seguridades, preocupaciones y todo aquello que nos impide seguirte con libertad

Que aprendamos a confiar más en Vos, a compartir con generosidad y a servir con alegría. Que nada ocupe en nuestro corazón el lugar que solo te pertenece a Vos.

Señor, cuando nos digas «ven y sígueme», danos un corazón dispuesto a responderte con amor y con nuestra vida.

Amén.
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