Evangelio del día: Lucas 6, 20-26
09.09.2026

Evangelio según San Lucas 6,20-26 Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»
Palabra del Señor...
Reflexión
Hermanos, este Evangelio me deja pensando en una palabra: felices.
Jesús nos muestra que la felicidad no siempre está en tener mucho, en estar cómodos o en que todo nos salga bien. Las bienaventuranzas nos enseñan otro camino: un corazón sencillo, abierto a Dios y a los hermanos.
Cuando pensamos en los pobres, en los que tienen hambre o en los que lloran, podemos recordar que todos, alguna vez, necesitamos una mano, una palabra, un abrazo o simplemente alguien que esté cerca.
También nos invita a no vivir buscando que todos nos aprueben. Muchas veces hacer el bien no trae aplausos, pero Dios conoce lo que hacemos desde el corazón.
Y creo que acá está lo más lindo: las bienaventuranzas se viven en lo cotidiano. En compartir, escuchar, acompañar, perdonar, ayudar y estar atentos al hermano que tenemos al lado.
No hace falta hacer grandes cosas. A veces un mate, una llamada, una visita o una palabra a tiempo pueden cambiarle el día a alguien.
Como franciscanos, podemos aprender de Francisco a vivir con sencillez y con las manos abiertas.
Que hoy podamos preguntarnos:
¿Estoy viviendo las bienaventuranzas en mi vida de todos los días?
Y pedirle al Señor un corazón sencillo, capaz de mirar al hermano y decir:
“Señor, acá estoy. Mostrame a quién puedo ayudar hoy.”
Paz y bien.
Oración
Señor Jesús,
enseñanos a vivir las bienaventuranzas con un corazón sencillo.
Ayudanos a compartir con el que necesita,
a acompañar al que está solo,
a consolar al que llora
y a no perder nunca la esperanza.
Que sepamos vivir con sencillez
y caminar como hermanos,
poniendo siempre nuestra confianza en vos.
Amén.
