Evangelio del día: Lucas 5, 33-39

04.09.2026
*Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 33-39*
Los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben».Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar».Les hizo además esta comparación: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a éste no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. El vino nuevo se pone en odres nuevos. Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: el añejo es mejor».
*Palabra del Señor*
Reflexión 

 

Hoy el Evangelio nos invita a mirar algo muy concreto de nuestra vida: Dios siempre puede hacer algo nuevo en nosotros, pero para recibirlo necesitamos animarnos a cambiar por dentro.

Muchas veces nos acostumbramos a vivir de una determinada manera. Tenemos nuestras formas de pensar, nuestras costumbres, nuestras seguridades y hasta nuestras maneras de relacionarnos con los demás. Algunas cosas nos hacen bien, pero otras quizás ya no nos ayudan a crecer. Y, sin darnos cuenta, podemos terminar defendiendo aquello que conocemos simplemente porque nos resulta cómodo.

Jesús nos propone una vida que no se queda encerrada en las costumbres. Él no viene a complicarnos la vida ni a quitarnos todo lo que hemos aprendido. Viene a ayudarnos a descubrir que la fe es un camino vivo, que siempre puede crecer, renovarse y madurar.

A veces le pedimos a Dios que cambie las cosas que están afuera: que cambie una situación, que cambie una persona, que solucione un problema. Pero quizás también necesitamos pedirle: “Señor, empezá por mí. Cambiá en mí aquello que necesita ser cambiado”.

Porque es muy fácil decir que queremos algo nuevo, pero cuando ese cambio toca nuestras costumbres, nuestros pensamientos o nuestras comodidades, nos cuesta. Preferimos lo conocido, aun cuando sabemos que ya no nos hace bien.

También puede pasarnos en nuestras comunidades, en la familia, en la Iglesia o en la fraternidad. Podemos caer en la tentación de pensar: “Siempre se hizo así”. Y está bien valorar nuestra historia, nuestras tradiciones y todo lo que hemos recibido. Pero no podemos convertir el pasado en una barrera que nos impida escuchar lo que Dios nos está pidiendo hoy.

La novedad de Dios no significa abandonar lo que somos ni despreciar nuestra historia. Significa dejar que Dios nos renueve desde adentro.

Quizás hoy el Señor nos está invitando a abrir una puerta que hace tiempo tenemos cerrada. A perdonar. A pedir perdón. A volver a acercarnos a alguien. A dejar una tristeza. A soltar un resentimiento. A recuperar la alegría. A confiar nuevamente. A animarnos a servir de una manera diferente. A mirar con otros ojos a quien tenemos cerca.

Y qué lindo es pensar que Dios no se cansa de darnos oportunidades. Aunque nosotros sintamos que estamos gastados, cansados o llenos de errores, para Él nuestra historia no está terminada. Siempre puede comenzar algo nuevo.

Por eso, este Evangelio también es una invitación a no vivir una fe triste ni encerrada. Jesús quiere encontrarnos en la vida concreta, en nuestras alegrías y preocupaciones, en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestras fraternidades y en cada servicio que realizamos.

El corazón necesita espacio para que Dios pueda obrar. A veces hace falta sacar un poco de aquello que ocupa demasiado lugar: el orgullo, la bronca, la preocupación, el miedo, la necesidad de tener siempre la razón. Y hacer lugar a la confianza, a la esperanza, al amor y a la fraternidad.

Que hoy podamos preguntarnos sinceramente: ¿Qué necesita renovar Dios en mi vida?

¿Qué tengo que dejar atrás para poder caminar con más libertad?


No tengamos miedo de comenzar de nuevo. Quizás eso que hoy nos parece un cambio pequeño sea justamente el comienzo de algo hermoso que Dios quiere hacer en nosotros.

Que el Señor nos encuentre con un corazón disponible, sencillo y abierto. Y que podamos decirle con confianza: “Jesús, hacé nueva mi vida. Ayudame a no quedarme atrapado en lo de siempre. Dame un corazón abierto para recibir lo que vos quieras regalarme.”

Oración

Señor Jesús,
hoy quiero abrirte mi corazón.

Vos conocés mi historia,
mis alegrías, mis cansancios,
mis luchas y también mis heridas.

Ayudame a dejar atrás
aquello que ya no me permite crecer.
Sacá de mi corazón la tristeza,
la bronca, el miedo y el orgullo,
y regalame un corazón nuevo.

Dame la sencillez para reconocer
cuando necesito cambiar,
la humildad para pedir perdón
y la fuerza para comenzar otra vez.

Que nunca me acostumbre
a una fe sin alegría,
a una vida sin esperanza
ni a una fraternidad sin amor.

Señor, renová mi corazón
y enseñame a descubrir tu presencia
en cada persona que encuentro.

Que hoy pueda ser
un poquito más paciente,
más comprensivo,
más generoso y más cercano.

Poné en mi vida tu vino nuevo:
tu alegría, tu esperanza y tu amor.

Y que todo lo nuevo que hagas en mí
no quede solamente en palabras,
sino que se transforme en gestos concretos
de amor y de servicio.

Señor Jesús, hacé nuevo mi corazón
y ayudame a caminar siempre con vos.

Amén. 

Paz y Bien.
Share