Evangelio de hoy: Mateo 15, 1-2, 10-14
04.08.2026

Martes, 4 de agosto
*Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 1-2. 10-14*
Unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?»
Jesús llamó a la multitud y le dijo: «Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella».
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?».
Él les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo».
*Palabra del Señor*
Reflexión
En el Evangelio de hoy, Jesús nos deja una imagen que invita a pensar: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz». No habla de una planta cualquiera, sino de todo aquello que va creciendo en nuestra vida sin venir de Dios.
Muchas veces, sin darnos cuenta, dejamos que en nuestro corazón echen raíces el orgullo, los prejuicios, el enojo, el deseo de tener siempre la razón o la costumbre de juzgar a los demás. Al principio parecen cosas pequeñas, pero con el tiempo ocupan cada vez más lugar y terminan robándonos la paz. Jesús nos dice que eso no puede permanecer, porque Dios no lo sembró.
En cambio, el Padre quiere plantar en nosotros otras semillas: la paciencia, la humildad, la misericordia, la capacidad de perdonar, la alegría de servir y el amor por los hermanos. Esas son las plantas que dan fruto y que resisten las tormentas de la vida.
Este Evangelio también nos invita a revisar nuestra fe. A veces podemos cumplir con muchas prácticas religiosas, pero si nuestro corazón está cerrado al amor, algo necesita ser transformado. Dios no busca personas perfectas, sino corazones disponibles para dejarse trabajar por Él.
Hoy es un buen día para pedirle al Señor que mire nuestro interior y nos ayude a arrancar todo aquello que nos aleja de Él y de los demás. Que quite de raíz el resentimiento, la soberbia y la indiferencia, y que haga crecer en nosotros una fe sencilla, humilde y fraterna.
Que al terminar este día podamos preguntarnos con sinceridad: ¿qué estoy dejando crecer en mi corazón? Si es Dios quien siembra, no tengamos miedo. Él siempre hace florecer una vida nueva, llena de paz, esperanza y amor.
Oración
Señor Jesús,
mirá mi corazón y arrancá de él todo lo que no viene de vos: el orgullo, el resentimiento, la dureza y la indiferencia.
Plantá en mí la semilla de tu amor, para que crezca la humildad, la paz, la misericordia y la alegría de servir a los demás.
Que mi vida dé frutos buenos y que, con mis palabras y mis obras, pueda reflejar tu presencia en cada hermano.
Amén.
