Basílica San Francisco Solano - Mendoza

14.09.2026
Fuente: Diario los Andes - Mendoza.

Basílica de San Francisco de Mendoza:

 Una historia de fe, memoria y reconstrucción


En el corazón de la Ciudad de Mendoza, frente a la Plaza San Martín, se levanta uno de los templos más significativos de la historia religiosa y cultural de la provincia. La Basílica de San Francisco es mucho más que un edificio: es memoria franciscana, testigo del terremoto de 1861 y custodio de importantes testimonios vinculados con el General José de San Martín y la Virgen del Carmen de Cuyo.

Quien llega a la esquina de Avenida España y Necochea, en la ciudad capital de Mendoza, se encuentra con una construcción que forma parte inseparable de la identidad mendocina.

Pero la historia de este templo comenzó mucho antes de que se levantaran sus actuales muros.

Los primeros pasos de los franciscanos en Mendoza

La presencia franciscana en Mendoza se remonta a fines del siglo XVII. Los frailes se establecieron inicialmente en otro sector de la ciudad.

Con el paso de los años, la historia de los franciscanos quedó vinculada al antiguo templo que había pertenecido a los jesuitas, ubicado en las actuales calles Ituzaingó y Beltrán, en el área fundacional de Mendoza.

Tras la expulsión de la Compañía de Jesús, en 1767, los edificios quedaron sin un destino definitivo durante varios años. Finalmente, en 1798, el templo y el antiguo colegio jesuita fueron entregados a los franciscanos.

Aquel templo sería escenario de acontecimientos fundamentales de la historia mendocina y sanmartiniana.

El terremoto que cambió la historia

El 20 de marzo de 1861, un devastador terremoto destruyó prácticamente la antigua ciudad de Mendoza.

El templo de San Francisco quedó reducido a ruinas. Actualmente, aquellos restos constituyen uno de los testimonios más importantes de la antigua ciudad colonial.

Pero entre aquellas ruinas sobrevivió también una parte fundamental de la memoria religiosa y patriótica de la provincia.

La antigua iglesia había estado vinculada a la Virgen del Carmen de Cuyo, imagen que acompañó la historia del Ejército de los Andes. En ese contexto histórico, la figura de la Virgen quedó estrechamente relacionada con la gesta sanmartiniana.

Una nueva iglesia para una nueva Mendoza

Después de la catástrofe de 1861, Mendoza comenzó a reconstruirse y a proyectar una nueva ciudad.

Los franciscanos también tuvieron que trasladarse. Finalmente se establecieron en el lugar donde hoy se encuentra la Basílica, en la esquina de Avenida España y Necochea.

En 1875 comenzó la construcción del nuevo templo, proyectado por el arquitecto belga Urbano Barbier. Fue el primer gran templo levantado en la llamada Ciudad Nueva después del terremoto de 1861. La iglesia sería inaugurada en 1893.

Su arquitectura responde principalmente a líneas neorrománicas, con influencias de otros estilos europeos.

La Basílica que hoy contemplamos conserva, por lo tanto, las huellas de una historia marcada por terremotos, reconstrucciones y perseverancia.

La Virgen del Carmen de Cuyo y la memoria de San Martín

Uno de los mayores tesoros que conserva la Basílica es la imagen de Nuestra Señora del Carmen de Cuyo.

El 5 de enero de 1817, el General José de San Martín declaró a la Virgen Patrona y Generala del Ejército de los Andes. La imagen quedó profundamente vinculada a la preparación y al desarrollo de la campaña libertadora.

La relación entre San Martín, la Virgen y los franciscanos permanece viva en el interior del templo.

Allí se conserva también el bastón de mando que perteneció al General San Martín, entregado por el Libertador a la Orden Franciscana, además de una carta manuscrita dirigida por San Martín a los religiosos en 1818.

Por eso, entrar en la Basílica es también acercarse a una parte de la historia de la independencia argentina.

El descanso de la familia de San Martín

La Basílica guarda además un lugar particularmente significativo para la memoria del Libertador.

En una de sus naves se encuentra el mausoleo donde descansan los restos de Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada, hija del General San Martín; de su esposo, Mariano Severo Balcarce, y de su hija, María Mercedes Balcarce y San Martín.

De esta manera, la Basílica reúne en un mismo espacio la devoción mariana, la presencia franciscana y la memoria familiar del Libertador.

Un templo marcado por la historia

La importancia histórica del edificio fue reconocida oficialmente el 30 de julio de 1928, cuando fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Desde entonces, la Basílica ha continuado formando parte de la vida religiosa, social y cultural de Mendoza.

No es solamente un monumento antiguo. Es un templo vivo, donde generaciones de mendocinos han celebrado la fe, recibido los sacramentos, participado de la Eucaristía y encontrado un espacio de oración.

Hoy, una casa de fraternidad

Y la historia franciscana continúa escribiéndose.

Hoy la Basílica de San Francisco es también la casa de la Fraternidad Santa Margarita de Cortona de la Orden Franciscana Seglar.

Este hecho le da al templo una dimensión particularmente significativa para la Familia Franciscana. Entre sus muros no solo se conserva la memoria de los frailes que llegaron a Mendoza siglos atrás, sino que también continúa presente la vocación de hombres y mujeres llamados a vivir el Evangelio siguiendo las huellas de San Francisco de Asís.

La Fraternidad Santa Margarita de Cortona encuentra allí su casa, su espacio de encuentro, formación, oración y vida fraterna. Así, la presencia de la Orden Franciscana Seglar mantiene vivo el carisma franciscano en el corazón de la ciudad.

La Basílica, entonces, no es solamente un lugar donde se mira hacia el pasado. Es también un lugar desde donde se construye el presente y se proyecta el futuro.

Una memoria que permanece

La historia de la Basílica de San Francisco puede leerse también como una historia de reconstrucción.

El terremoto destruyó el antiguo templo, pero no destruyó la memoria de la comunidad.

Los franciscanos volvieron a levantar su casa y su iglesia en la nueva ciudad. Y allí, desde 1875, la Basílica permanece como un signo de continuidad.

Frente a la Plaza San Martín, sus paredes parecen recordarnos que la historia no está solamente en los libros. También está en los lugares donde hombres y mujeres rezaron, celebraron, sufrieron, esperaron y volvieron a comenzar.

Hoy, al ingresar a la Basílica de San Francisco de Mendoza, el visitante puede encontrarse con la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, con los recuerdos de San Martín y con el silencio de un templo que atravesó terremotos y generaciones.

Y puede encontrarse también con una Fraternidad Franciscana Seglar que sigue haciendo de este lugar una casa de encuentro y de vida fraterna.

Porque la Basílica no solamente conserva el pasado.

Lo hace memoria viva para las generaciones presentes y futuras.

Y en esa memoria viva, la Fraternidad Santa Margarita de Cortona continúa caminando, como parte de una historia franciscana que comenzó hace siglos y que todavía sigue escribiéndose.


Paz y Bien.
 

Prensa y Difusión 
OFS Región Cuyo 

Share