Evangelio del día: Marcos 11,27-33

30.05.2026
Reflexion.

 

Muchas veces, como aquellos hombres del Evangelio, también nosotros nos acercamos a Jesús con preguntas, dudas o cuestionamientos. Pero el problema no siempre está en la pregunta… sino en la intención con la que preguntamos.

Los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos no buscaban conocer la verdad ni abrir el corazón a Dios. Querían poner a Jesús a prueba, hacerlo quedar mal delante de la gente. Y Jesús, que conoce el corazón humano, les responde con una pregunta que los deja frente a su propia incoherencia.
Ellos tenían miedo. No miedo de Dios, sino miedo de perder poder, prestigio y aprobación de la gente. Por eso no pudieron responder con sinceridad. Sabían quién había sido Juan el Bautista, pero no se animaban a reconocerlo porque eso los obligaba también a cambiar de vida.
Y cuántas veces nos pasa algo parecido…
A veces queremos seguir a Jesús, pero sin dejar ciertas comodidades. Queremos escuchar el Evangelio, pero solo cuando no nos incomoda. Queremos respuestas de Dios, pero sin comprometernos demasiado.
Jesús hoy nos invita a vivir una fe verdadera, sencilla y sincera. Una fe que no sea apariencia ni palabras vacías, sino una decisión concreta de caminar con Él cada día.
Hermanos, Dios no necesita personas perfectas. Necesita corazones humildes, dispuestos a escuchar, a reconocer errores y a dejarse transformar.
También este Evangelio nos recuerda que la verdadera autoridad de Jesús no viene del poder humano, sino del amor, de la verdad y de su unión profunda con el Padre. Jesús no imponía… Jesús servía, sanaba, levantaba al caído y anunciaba el Reino con misericordia.
Como franciscanos y como cristianos, estamos llamados a vivir esa misma autoridad del servicio humilde, del testimonio silencioso, de la fraternidad y del amor sencillo hacia todos.
Que hoy podamos preguntarnos: ¿Mi fe nace realmente de un encuentro con Jesús? ¿O me estoy quedando solamente en costumbres y apariencias?
Pidámosle al Señor un corazón transparente, capaz de reconocer su voz y animarse a seguirlo sin miedo.


Oración.

Señor Jesús, alejanos de la soberbia y de la hipocresía. Danos una fe simple, verdadera y valiente. Que sepamos buscarte con sinceridad y seguirte con alegría, aun cuando el Evangelio nos invite a cambiar.

Amén. 🙏

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